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Hola. Si estás leyendo esto es porque:
- Eres una amistad cercana.
- Ana Isabel ha aceptado casarse conmigo.
¡Sí, sí, sí! ¡Has leído bien!
Por algún extraño motivo, ha aceptado la idea de pasar una vida junto alguien como yo.
Dada mi introversión, nunca he encontrado la ocasión de hablar profundamente sobre Ana a los demás, lo cual no quita que no lo deseara, todo lo contrario. Esta vez tengo la excusa perfecta para que entendáis un poco más el porqué estoy tan enamorado de ella.
Así, en muchas ocasiones, cuando ha estado contagiada por una tristeza que no merecía, le he dicho que ojalá se pudiera ver con mis ojos. En este momento tan especial, también deseo, por un segundo al menos, que vosotros también la podáis ver con mis ojos.
Ana es bondadosa, divertida, natural, extrovertida, brillante, ocurrente, intensa; en su interior alberga un enorme corazón y una inteligencia rápida y afilada, además de estar tocada por la más bella de las sensibilidades. Sólo cuando la observas detenidamente es cuando empiezas a apreciar su forma etérea, como si acabara de caer del cielo, con esa inocencia y dulzura que envuelve y oculta su fuerte carácter, con esa mirada tan profunda y penetrante. No ha existido, existe, ni existirá una mirada igual de especial.
Puedo recordar muy nítidamente las primeras conversaciones que mantuve con Ana en el verano de dos mil diecinueve; fue como si un tren me pasara por encima, la sensación era abrumadora: por más que deseara quitármela de la cabeza, seguía cayendo en ella. Gradualmente, y después súbitamente, no sólo acabé enamorándome, sino también obsesionándome con ella; lo segundo no es bueno ni bonito, y dije e hice cosas de las que me arrepiento profundamente, que no deseo que me representen y de las que he aprendido mucho. Pensaba en todas las cosas que deseaba hablar y compartir con ella, desde mis ocurrencias más estúpidas hasta las más profundas, de como le gustaría ver esos cisnes o como ironizaría con esos vestidos tan feos, y aquello era demasiado para mí. Ojalá muchas cosas nunca hubieran sido así, ojalá todo hubiera sido más sencillo y menos doloroso, pero ambos hemos crecido con ellas, y no seriamos lo que hoy somos sin ellas.
Soy consciente, y he reflexionado mucho sobre ello, de las diferencias entre nosotros: ella tan extrovertida y enérgica, yo tan introvertido y taciturno; ella tan estilosa y brillante, yo tan... jaja; ella con su arte y su moda, yo con mi física y mis ordenadores; ella tan rápida y directa, yo tan lento y dubitativo; ella acapara la atención de cualquier habitación, yo sin querer celebrar mi cumpleaños porque me incomoda ser el centro de cualquier cosa.
Podría sonar no sólo asimétrico, sino problemático, pero siempre nos han unido algo mucho más profundo y místico: la forma de sentir, de empatizar, de escucharnos, de querernos. Nos emocionan las mismas canciones y películas, y ambos somos algo dramáticos. Es la única persona con la que puedo mantener horas seguidas de conversación sin agotarme, empezando por Taco y acabando por la existencia de Dios, pasando por todos los temas posibles, ya que para todos siempre tiene algo que aportar.
Una vez leí una mamarrachada, en uno de esos artículos que leen los boomers en Facebook, que venía a decir que todos pasamos por tres amores en nuestra vida: el primero era como un fuego artificial -brillante, rápido, fugaz-, el segundo era como una vela -cálido al inicio pero que, inexorablemente, acababa palideciendo en una lenta combustión-, y el tercero y definitivo era como un espejo, donde la otra persona reflejaba tu imagen de ti, pudiendo ver tus virtudes pero también tus defectos, los cuales necesitarías trabajar y mejorar para que la relación prosperara.
Aquello de los tres amores me pareció una castaña absurda, pero lo último me hizo pensar. Estar con Ana es lo mejor que me ha pasado en la vida, pero también me obliga a ser mejor: me hace reflexionar sobre ideas en las que nunca reflexionaría, caer en detalles que nunca caería, ver perspectivas que nunca vería. Estar con ella es un reto, tiene la mente más rápida y aguda que he conocido, convierte lo desconocido en obvio -«¿cómo no había pensado en esto antes?»-, me convencería de que el cielo es verde, y la admiro profundamente.
Conoce todas mis virtudes y mis defectos, aceptando como soy, y me quiere y me cuida de la forma más especial del mundo. Deseo vivir el resto de mis días con ella, y que nos entierren en la misma tumba.
Ana es mi espejo y mi supernova.
Gracias por leerme,
Hugo
Nota: nada de este texto ha sido generado, ni siquiera revisado o supervisado en ortografía y gramática, por algún modelo generativo de inteligencia artificial, ya sea ChatGPT, Gemini, Claude, y similares.